Resumen:
El mundo se enfrenta a una emergencia sanitaria, social y económica sin precedentes,
lo cual ha impactado a los diferentes sectores productivos, incluyendo al turismo, siendo
este uno de más afectados.
En una conmoción sin precedentes para el sector, la pandemia COVID-19 ha reducido
las llegadas de turistas internacionales, tal como la Organización Mundial del Turismo
(OMT) lo indica a través de las actualizaciones del Barómetro Mundial, en el cual se
refleja un descenso del 73% en llegadas internacionales para el año 2020; este desplome
representa una pérdida estimada de 1,3 billones de dólares en los ingresos de
exportación, es decir, más de 11 veces respecto a la pérdida registrada durante la crisis
económica mundial de 2009.
Asia y el Pacífico experimentaron una disminución del 84% en las llegadas
internacionales en 2020, unos 300 millones menos que el año anterior. Tanto Oriente
Medio como África registraron una caída del 74% en las llegadas y en Europa las
llegadas disminuyeron un 69%, lo que representa más de 500 millones de turistas
internacionales menos, mientras que América registró una caída del 69%.
Este desplome ha afectado directamente las economías nacionales, ya que en los
últimos años la industria turística se ha consolidado como un motor emergente para la
dinamización de la economía generando impactos en el PIB, en la generando empleos
dignos, apoyando al desarrollo local dentro del territorio, etc.
El Salvador no ha sido la excepción, la actividad turística ha generado ingresos mayores
a US$1.5 millones de dólares en los últimos años, así mismo genera más de 40,000
empleos cada año. Se ha podido observar un aumento constante gracias a los esfuerzos
de las diferentes instituciones que participan en el desarrollo de planes y estrategias para
garantizar el atractivo de la actividad turística salvadoreña.